viernes, 20 de mayo de 2011

Protesta a una infidelidad anunciada...

Esta vez, no voy a perder mi tiempo en intentar explicarme que es la infidelidad, porque creo que lo sé. Ni decir que los hombres son más infieles que las mujeres, no es eso, es sólo que son mas estúpidos. Las mujeres también son bien “players” pero solapas pues, la saben hacer.

Tampoco quiero saber de estadísticas, ni de moral, ni de valores, para mi está claro que cuando amas, pero momentito, cuando AMAS, con mayúsculas, o sea cuando amas de verdad, no cuando amas a los 2 meses, ni al año, ni cuando la conociste en la disco o en el bar, no cuando estas con él o ella porque te dan ganas de tirártelo(a) todo el día, ni porque tiene la billetera bien gruesa, ni porque te da nivel. No. Cuando el amor es de verdad, está claro que ridiculeces como “ya no era lo mismo”, “la magia se perdió”, “todos los días lo mismo aburre”, simplemente no tienen sentido, pues sabes que, cuando amas a alguien no hay nada en el mundo que sea mas rico que pasar el tiempo juntos.

Dicho esto, está claro que no me interesan los datos, ni las excusas baratas del porqué de las infidelidades, solo quiero expresar mi reclamo a esta vida (uno de los tantos que están en espera) del porque yo, una chica soltera por destino y elección, debo vivir el episodio traumático de una infidelidad.

Brevemente, mi viejo en uno de sus recurrentes actos de estupidez, decidió dársela de papi rico en su chamba, para agarrarse a una de las flaquitas facilónas del piso siete. Rico, le invitaba a comer, llegaba tarde, mucho perfume, deme dos viagras, uy¡ tengo reunión en la oficina, ahora llega mas tarde aún, el sábado vamos a trabajar, vouchers de compras de chocolates que nunca llegaban a mi dulce hogar y etc, etc. Resultado mi viejo el bacán, mi vieja la cachuda.

Si hubo algo (no sé si lo único) que me enseño mi madre fervientemente los 26 años que la conozco, es a nunca, jamás humillarse por un hombre. Esa la tenía clarita. “No una mujer nunca le ruega a un hombre, si una puede salir adelante sola, eso es lo más deplorable”, decía mi madre.

Si, claro. Ahora te quiero ver pues.

Por un tiempo pensé que por efecto de algún conjuro paranormal, yo había sido enviada virtualmente a un talk show de quinta, donde me tocaba ver a mi madre, tirada a los pies de mi padre implorando que la amen. Rogando que no se vaya, suplicando que deje a la otra, a esa, la puta, la rufla, la maldita, la desgraciada, la zorraza que te cagó la familia. No señora, la cagó tu marido.

Debería sentir pena por ella, rabia por él. Miedo a lo que pase, tristeza por que mi familia se va a la mierda. Pero no. Siento asco. No soporto que llames a “la otra”, y le llores para que lo deje, no soporto que me hayas mandado a la recontra mierda cuando quise aconsejarte, no soporto que te hayas parado en la puerta de un hostal de media estrella, para ver si salían juntos, no soporto que te pongas insoportable cuando vez un mensaje de “la otra” en su cel. No soporto verte llorar. No soporto que se burle de ti.

Pero gracias. Como siempre tienes una manera extraña de enseñarme las cosas, de cómo NO hacerlas. Ahora sé que a la primera, se agarran las llaves, la cartera y la dignidad y pasas la página. Que no hay nada mas desagradable en la vida que ver a alguien rogar amor. Sé que ahora, nadie me va sacar la vuelta. Sé que si algún día alguien me lo hace será el último día que nos veamos.

Ahora, lo acabas de botar a la calle, pero no importa, mañana regresarás con él y nos iremos los tres a comer pan con chicharrón al “El Peruanito” como una linda familia feliz, al estilo Familia Ingals.

Ahora te dejo a MA-risol que tanto te gusta.




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